Los números nunca serán un indicador real de que tan exitosas son nuestras reuniones, el éxito dependerá de cuántas personas logren avivar su llama y crecer en su fe a tal punto que estas produzcan frutos del espíritu, porque solo eso puede ayudar a cambiar la sociedad y el entorno en el que vivimos.
Creo que la responsabilidad del liderazgo en la iglesia no es hacer reuniones ingeniosas y descubrir cómo lograr que 5,000 personas pasen por una instalación en un fin de semana. Es producir un pueblo como Jesús. Seamos personas que realmente están produciendo algo en el terreno que podría aniquilar totalmente al enemigo en nuestra ciudad. ¡Ese es nuestro trabajo!

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